miércoles, 2 de junio de 2010

Mercancía intelectual


Cuidado porque te ven como mercancía, como un pedazo de carne que pueden utilizar para uno de sus actos propagandísticos. La democracia de partidos ha hecho una nueva revisión del hombre masa, la identidad de la persona yace adormecida en los laureles de la razón para dar fuerza a la multitud como ser individual, como resumen de distintas vidas que viven sujetas a la voluntad del ente abstracto del partido. El sistema de partidos rechaza la individualidad, la revisión de las ideas, la necesidad de hacer prevalecer las convicciones por aquello que es políticamente correcto, y tú, eres un pedazo de carne que tiene precio. En cierta forma, es una revisión de la prostitución, se aprovechan de ti por necesidad, en este caso, por la urgencia de sentirte libre, que tienes voz, que influyes en las decisiones de tu país. Demagogia? Quizás sí. Así pues, vamos empatados.

lunes, 31 de mayo de 2010

La felicidad de los días impares


Soy feliz porque los días impares no existo. Dimito de la vida. Abdico del ejercicio de vivir. Los años bisiestos son los mejores porque tengo un día más para transitar por la calle sin rumbo, observando los rostros de mis conciudadanos entre la sorpresa y el desamparo del que se encuentra en territorio comanche y no sabe como salir indemne.
No pienso. No deseo. No nada. Sencillamente espero que algo ocurra sin dar ningún atisbo de resistencia a la realidad. La tomo tal como llega. Sin pedir. Sin alegrías. Sin quejas. Estoy muerto para poder estar más vivo. No respiro para poder respirar más hondo el día de mañana. Todo es una cuestión de cálculo y supervivencia. Dejar de existir para poder vivir en toda mi plenitud. En fin, mañana ingreso en el sanatorio mental construido a la playa donde se hizo el desembarco de Normandía y estoy preocupado porque dicen que en los lugares cerrados pierdes la conciencia del día en el que te encuentras, y la verdad, tengo pánico en no reconocer los días impares.

miércoles, 26 de mayo de 2010

La verdadera Pasionaria


La vieja anda desparramada pateándose el barrio por los cuatro costados. Acompañada de sus roñosos gatos, observa sus vecinos universitarios pensando que la guerra no entiende de neutralidades. El relativismo es fruto del miedo, se dice a sí misma mientras recoge una estampa rota y húmeda de San Pancrasio para regalarla al peor postor. Las convicciones van siempre hacía delante, la duda nos hace deambular sin rumbo fijo, como el navegante desesperado que mira el horizonte des de la proa esperando en su singo mágico del océano para decidir dirigir el timón.
Dicha mujer que conserva en su mirada soberbia de familia burguesa, el atisbo señorial de una seductora anónima, cada noche adormece el barrio con su susurro dirigido a los gatos curiosos de ver si hay arena debajo del río. Todo el mundo le llama la vieja de los gatos, yo prefiero conocerla como la Pasionaria.

domingo, 23 de mayo de 2010

Sin ti


Tu recuerdo bastardo sobrevive en mi viejo sofá las tardes de domingo, cuando el tiempo se desliza lentamente entre mi porvenir y pienso que era cierto aquello de que el dinero lo es todo. Sin tu lucha no hay esperanza, sin esperanza no hay fe, sin fe no hay nihilismo, sin nihilismo no hay cinismo, sin cinismo no hay sonrisas diabólicas para sobrevivir al mundo exterior que me ve como un viejo títere sin capacidad de viajar hacía atrás y cambiar mi futuro con un desliz de ternura.
La ausencia de tus vestidos en el armario de mi hermano desviste el guión infeliz de un mañana incierto donde el miedo será el motor, y la muerte el destino inevitable de un caballero condenado a perder duelos sin capacidad de pedir vendetta. Vuelve por favor, aunque sea para decirme que estás con otro

jueves, 20 de mayo de 2010

La cara oculta del ocio


Encontrar la serenidad dentro del caos es el objetivo desconocido del hombre del siglo XXI: reencontrarse a sí mismo instantes después de conseguir parar el mundo y verse reflejado en un espejo roto por el aburrimiento. Esta situación es uno de aquellos momentos ausentes por la inmensa oferta de ocio que nos impide pensar acerca de nosotros mismos.
El ocio, el desconectar, el dejar de lado toda la realidad para hacer algo distinto, puede llegar a ser una excusa para eludir el verdadero problema: ¿nos complace nuestra realidad real? Esta pregunta es mejor olvidarla gratuitamente, como si no tuviera importancia, como si fuera una inquisición propia de una conciencia malformada por las rémoras ideológicas de una civilización en runas. El hombre contemporáneo piensa sobre el hombre contemporáneo siempre que sea desde una perspectiva exterior, dicho de otra forma, que no sea él mismo el objeto sobre el cual dejar al aire hipótesis futuristas.
Por eso necesitamos el ocio, porque precisamos de unos momentos donde los circuitos mentales tengan una muerte viviente. De todas formas, no confundamos el descanso con la verdadera muerte teniendo el ocio como el tiempo donde renuncio a pensar acerca de mi mismo. Llegados este momento, podemos besar la muerte a los labios sin ningún tipo de complejo. Será el fin.

lunes, 17 de mayo de 2010

Imágenes de una redención


El viejo Clint mira por la ventana buscando una vez más la historia de una redención. La trama olvidada donde el perdón sea el hilo conductor que nos lleve al momento de comunión perfecta del personaje con sí mismo. Su vida no autorizada está llena de momentos escondidos detrás de carteles de privacidad, donde el joven Clint, sin la experiencia de este viejo cowboy que deambula por los rincones de ayer viéndose culpable de sus faltas, llevaba las personas al límite para ver realzado un orgullo vacío y barato.
La madurez de Clint Eastwood director viene con sus abundantes películas acerca de personajes que a diferencia de Harry el Sucio, quieren ajustar cuentas consigo mismo, con sus pasados sórdidos que les han llevado a un presente sin más porvenir que aprender convivir con sus fantasmas pretéritos. Clint hace películas propias de áquel que quiere reivindicarse como persona.

viernes, 14 de mayo de 2010

Amar la vitalidad más que la nostalgia


El cantautor parece ser mejor cantautor cuando la efigie del fracaso es un perfume oculto detrás de sus canciones. El poeta parece ser mejor poeta cuando vende su desgracia al mejor postor sin esperar nada más a cambio que una absenta guardada con esmero detrás de una imagen mariana. Debido a estos tópicos perfumados con las ebrias flores de un mal francés, cuando nos encontramos delante un trabajo que destila el dulce líquido de una belleza optimista, como es el del cantautor Jorge Drexler, nos alegramos de ver que de las vivencias alegres podemos hacer buena música.
Drexler decide dejar de lado su admirada voz nostálgica de un pasado irrepetible, para recoger la belleza producida por el gusto del día a día, por el placer de ver el mundo transcurrir en medio de una trama que la amamos, y que haga que no nos importa el desenlace. El Drexler melancólico es un lujo, pero el Drexler vital que descubrimos en este nuevo disco, es un regalo gratuito de aquél que siempre busca reformularse a si mismo como artista. Gracias y felicidades.